jueves, enero 04, 2007

Del antagonismo al agonismo en el sistema político chileno

El traspaso del poder desde la dictadura militar al régimen denominado en un principio “democracia de los consensos”, significó el fin de los antagonismos en el sistema político chileno, entendidos como las posiciones que son negadas, operan fueran de un discurso determinado, y generan dislocaciones en éste último.
Desde la Teoría del discurso, y utilizando conceptos como Hegemonía, articulación y cadenas de equivalencia –que definimos más adelante- analizaremos como la situación de crisis en que estaba derivando la dictadura militar, dio paso, mediante la articulación política por parte de las elites, a una resignificación de discurso constitutivo de la sociedad chilena, y el establecimiento de una hegemonía de orden neoliberal, que se sitúa sobre el discurso político, absorbiéndolo. Esto, mediante el análisis histórico de hechos significativos en tal proceso y sus implicancias posteriores
¿Cómo se produce éste pasó de un antagonismo de fuerzas sociales, previo a 1988, a un agonismo y una hegemonía Neoliberal después de las elecciones del 5 de octubre?
Podemos decir que antes de 1988 la sociedad chilena se encuentra en una fase de dislocación, entendida como la aparición de fallas y contradicciones en el Discurso autoritario de la dictadura, que generan múltiples discursos, que plantean diversos significantes flotantes como democracia, reconciliación, o levantamiento popular. A partir de 1988, se pasa a una nueva fase, denominada de mito, donde diversas posiciones discursiva luchan por volverse hegemónicas, que posteriormente termina con la sedimentación del discurso neoliberal a partir de 1990.
*Abstract del trabajo Del antagonismo al agonismo en el sistema político chileno.

jueves, diciembre 14, 2006

La muerte de Pinochet y las fallas de una transición no completa

El domingo 10, a las 14 horas chilenas, una sutura social, hecha a base de consumo, se abrió y dejó salir bastante purulencia, putrefacción de todo tipo, desde todos lados.
Chile se mostró para el mundo, dividido. El país modelo de Latinoamérica mostraba que, más allá de su imagen de crecimiento y orden, por dentro, en sus intestinos, aún hay cosas que lo dañan, lo dividen.
La muerte de Augusto Pinochet Ugarte -el dictador para algunos, el salvador para otros- más que implicar o marcar definitivamente el fin de una época en la historia chilena, expuso lo contrario. Demostró que la transición, esa sutura, es débil y está infectada por viejos antagonismos, que siguen marcando la vida política y social chilena. Rivalidades de clase, ideológicas, pero que son ahora esencialmente transversales a todos los grupos sociales de la sociedad chilena.
Transversales, porque en ambos lados, podíamos ver gente pudiente y no pudiente, personas que nacieron después de la dictadura o el régimen, y también niños. La división se ha hecho transtemporal y transgeneracional.
Las instituciones se mostraron invadidas por la división, que el velo de la transición y el crecimiento económico -que con el crédito pretende mostrarnos a todos unidos en una sola línea- sólo cubren levemente.
Afloraron en horas aquellas viejas divisiones. Por un lado el gobierno, por otro el ejército, y al medio el pueblo, la ciudadanía.
¿Terminó la transición? No, al parecer no, porque las divisiones no son sólo ideológicas.
Tienen una raíz social y económica profunda, que se arrastra por años, que por las condiciones que hoy vive Chile, se tornan difusas, complejas, y difíciles de apreciar. Estas divisiones, van más allá de los actores políticos, vivos y fallecidos. Más allá del mismo Allende y el mismo Pinochet, que son sólo personificaciones y objetivaciones de una división social recóndita, entre excluidos y dominadores.
Lo que se apreció el domingo 10 de diciembre y los días subsiguientes, es que la transición a la democracia, y la “democracia”, no han logrado saldar diversas cuentas con la ciudadanía. No sólo judiciales, también sociales, económicas y políticas, que se ven canalizadas y expresadas en el ser pinochet o antipinochet.
Podríamos pensar que en base a eso, la gente se manifiesta a favor o en contra del modelo constitucional, social, político y económico impuesto desde 1973, no sólo por Pinochet, sino por quienes realmente fueron los ideólogos de esto, en base a su nivel de “éxito” o “fracaso” en la sociedad actual.
Entonces vemos, que la noción inclusión-exclusión vuelve a operar, porque lo que vimos el día domingo, no es sólo el apoyo o el rechazo a un hombre, también vimos el apoyo o el rechazo a un modelo de sociedad existente, que es la base de la actual división en la sociedad chilena, en excluidos e incluidos, en productivos e improductivos, en buenos consumidores y malos consumidores.
Sin embargo, debido a la transversalidad, transtemporalidad y transgeneracionalidad que han alcanzado las posiciones, vemos que hay ambigüedad en torno a muchas perspectivas actuales, pues el modelo criticado también ha sido fortalecido por muchos de los que se manifestaron en contra del hombre que dirigió su imposición desde 1973, y también muchos de los excluidos por el sistema de Pinochet, lo despidieron como su héroe.
Por esto, quizás la falla más grave de la transición y de la democracia misma, es habernos hecho caer en una profunda ambigüedad de posiciones, donde por un lado se fortalece un modelo, y por otro se desprecia a quién lo impuso, haciéndonos perder la perspectiva de lo que realmente necesitamos como sociedad.
La falla más grave de la Transición, es que no nos ha permitido desligarnos del pinochetismo y al antipinochetismo, que parece que todos llevarán inserto en la cabeza, y que aparece de forma abrupta en muchas ocasiones, impidiéndonos ver y avanzar hacia otras cosas –otros issues como la distribución de la riqueza o la profundización de la democracia- que son más esenciales para cada chileno.

miércoles, diciembre 06, 2006

Cambio institucional y proceso de transición. Lo que los cubanos deben considerar

Cuando se habla de un cambio de régimen, de querer propiciarlo o evitarlo, se debe tener claro que dicho proceso, implica no sólo un cambio en los actores visibles en el poder, sino también de toda la estructura que los sustenta en éste.
Cuando se produce un cambio profundo en una sociedad, lo que cambia no son sólo los organismos –entendidos como grupos de individuos vinculados por alguna identidad común con respecto a ciertos objetivos, ya sean partidos políticos, grupos empresariales o religiosos, étnicos o sociales- sino también, se supone, se transforman las instituciones, entendidas éstas como las reglas del juego en que dichos actores, los organismos, funcionan en la sociedad.
Cuando se tiene la noción de que ocurrirá un cambio en la sociedad, ya sea una revolución, una transición o una crisis, se debe tener claro que son las instituciones, con sus limitaciones tanto formales como informales, las que siempre reducen la incertidumbre en nuestra vida diaria, facilitando y definiendo el conjunto de opciones a elegir, y que por lo tanto descomponerlas en su totalidad sería un llamado al caos.
En este sentido, cada actor del proceso de cambio debe conocer dichas instituciones, pero más importante aún, debe conocer sus propios objetivos con respecto a dichas instituciones y las mejores opciones para lograr cambios dentro de ese marco.
En el caso de Cuba, este imperativo es de suma importancia para la actual situación que vive y vivirá la isla.
Todos los actores eventualmente involucrados en el futuro de Cuba, deberán tener claro el marco institucional en el que posiblemente se desarrolle el proceso de cambios –no sabemos hacia donde- y también cuáles serán sus objetivos y opciones dentro de ese proceso.
A partir de la Revolución Cubana, una serie de organismos nuevos se fueron generando al interior del nuevo régimen, pero también una nueva institucionalidad, que muchos cubanos, exiliados y auto exiliados, quizás desconocen. Lo mismo ocurre a la inversa mirando desde la isla.
Cuando Raúl Castro planteó la idea de sentarse a negociar con Estados Unidos, estaba dando una señal de que el régimen cubano está tomando conocimiento del nuevo contexto y de la nueva institucionalidad que se podría generar en torno a la situación cubana (rechazo al bloqueo, apoyó a un proceso de cambio sin intervención estadounidense, mayores libertades, etc.) En este sentido, dicha posición estaría bajando los costos de negociación en un eventual proceso de transición en Cuba, pues Raúl Castro estaría generando una institución informal que hace mucho no establecía el régimen con los Estados Unidos, el diálogo.
Es importante tener claro que una institución informal, en las relaciones entre los cubanos de Miami y los de la isla, era el no diálogo. Ninguna de las partes daba su brazo a torcer manteniendo las posiciones rígidas y elevando los costos de negociación a niveles donde era imposible hacer valer los acuerdos. Sabemos que en la política, medir y hacer valer los acuerdos es mucho más complejo, por lo tanto, facilitar la negociación dentro de un nuevo marco institucional es clave. El caso del niño Elián fue un ejemplo claro del alto costo de la negociación, pues sabemos que las asimetrías de información definen los costos de negociación.
Hoy Cuba se apronta a vivir nuevos procesos de cambio, y por lo tanto, debemos tener claro que cada actor que se involucre deber conocer las reglas del juego en que esto se producirá, pero también deben saber qué institucionalidad van a querer para Cuba, y las formas en que se establecerán los acuerdos, y lo más importante, las formas en qué harán que estos sean respetados.
Quizás sería bueno pensar que Cuba, a pesar de la Revolución hecha hace mucha ya, aún no ha cambiado su estructura institucional que viene desde tiempos de la Colonia, y que se mantuvo con Batista, y con Fidel.
Quizás cada cubano debería mirar bien hacia atrás y pensar que todo parte desde ahí y que desde ahí debe provenir el cambio total. Es decir, no basta con cambiar los organismos, ni los nombres, ni los seres humanos, hay que cambiar nuestras mentes.

jueves, noviembre 23, 2006

¿Después de Fidel qué?

Más allá de las posiciones ideológicas y los niveles de apoyo o rechazo al régimen existente en Cuba, lo claro es que la salud de su líder máximo, Fidel Castro, está bastante deteriorada y eso implica que Cuba vivirá momentos decisivos en su historia, pues ya muchos hablan del fin del régimen y de un eventual proceso de democratización, profundo o superficial, eso no lo sabemos.
Esto, debe ser considerado sólo como la constatación de que Fidel ya tiene más de 80 años, y que como todo ser humano, el cuerpo envejece, se deteriora y finalmente muere. Aplicar sesgos ideológicos a esto seria un error garrafal.
A partir de esto, y considerando que Fidel Castro ha sido desde sus inicios la base de la revolución cubana, debemos plantearnos la pregunta ¿Qué pasará en Cuba cuando Fidel ya no esté?
En este proceso, para muchos hay dos posibilidades, o Cuba mantiene su sistema -con mayores cuotas de libertad y democracia- o cambia hacia un sistema, seguramente, tutelado por Estados Unidos, y muy marcado por la política de intervención.
Para muchos, al morir Fidel, se producirá el desbarajuste del régimen y su descomposición estrepitosa -con intervención estadounidense incluida y retorno de masivo de cubanos exiliados-.
Para otros, el régimen está sustentado en la soberanía popular, y si bien la figura de Castro es clave en Cuba, existen otros líderes como su hermano Raúl, que podrán sostener y darle continuidad al régimen.
Ambas posiciones, omiten a otros actores, que en realidad podríamos considerar que operan y han actuado en conjunto en todo esto con fuerte influencia; los Estados Unidos, y los cubanos residentes en Miami. Los primeros, han sido claves en el bloqueo económico que ha durado más de 50 años – y que ha generado pérdidas económicas por 86,000 millones de dólares; pero simultáneamente ha contribuido a fortalecer internamente al régimen y el apoyo internacional a Cuba-. Los segundos, han sido pieza esencial en la continuidad de dicho cerco.
Es muy probable que Estados Unidos, quiera intervenir más allá de lo que corresponde una vez fallecido Fidel Castro, no en forma gradual, sino que propiciando un rápido cambio de régimen político, social y económico.
Sin embargo, la velocidad e intensidad de lo anterior, estará fuertemente ligada a la perspectiva que adopten los cubanos desde Miami, con respecto a los cambios que se producirán, y si ésta posición, está basada en revanchismos y ambiciones o en afanes realmente democráticos para Cuba.
Es esencial que definan su posición no sólo con respecto al poder en Cuba, sino también con respecto al bloqueo económico que ellos mismos han exigido, pues al parecer, para la comunidad internacional es más importante poner fin al bloqueo que el cambio de régimen inmediato en Cuba. Así lo demostraron los países de la ONU, al votar la resolución N° 60/12 “Necesidad de levantar el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por los Estados Unidos de América”.
Es importante entonces que tanto, los cubanos de la isla, como los exiliados, tengan claro qué tipo de proceso de cambios desean para su país, cuán independiente quieren que sea éste y qué tipo de país quieren para el futuro.
Las opciones para Cuba están abiertas, propiciar una mayor democracia, dentro del actual régimen, permitiendo el desarrollo de mayores libertades y otras áreas atrofiadas por el bloqueo; o descomponer todo, incluido lo positivo y negativo según se considere, en pro de una política intervencionista, no gradual y poco independiente y mucho menos democrática.
Sabemos que nada es estático, y que Cuba se apronta a una fase de cambios, negarlo sería negar el avance histórico, lo importante es entender el orden de dicho proceso y que la gradualidad es la clave.

sábado, noviembre 11, 2006

Mundo de habla hispana versurs el muro

La Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana ayer viernes concluyó su primera sesión plenaria, censurando el muro de 1.226 kilómetros que el Gobierno de Estados Unidos planea levantar en la frontera con México.
Se planteó que el muro, no es la solución al alto flujo migratorio que ocurre en dicha frontera, y que se deben propiciar vías de diálogo y cooperación entre ambas naciones, con el objeto de evitar la migración ilegal y fomentar la legal. Además, se recalcó que el muro en sí atenta contra los derechos humanos y la buena vecindad.
Pero ¿Realmente hemos visto qué hay detrás de la construcción de esta muralla china?
Mucho se ha hablado del nuevo muro de Berlín, con todas las similitudes que en un tiempo no muy lejano podría tener dicho muro. Pero más allá de comparaciones históricas, la construcción de la "nueva gran muralla china" marca un afán más amplio que el de evitar que muchos ciudadanos ilegales ingresen a Estados Unidos.
Marca una distinción entre la América hispanoparlante y la angloparlante, una especie de portazo a Latinoamérica, cuyas razones se encuentran en los contextos sociales, políticos y económicos que muchos de nuestros países viven.
El muro no es sólo para evitar el ingreso de inmigrantes, es también una barrera ante una situación incierta para Estados Unidos, desde Latinoamérica, ya sea una revolución conjunta entre varias naciones, un flujo mayor de inmigrantes o la salida de muchos ciudadanos hispanos desde Estados Unidos.
Como dice el viejo refrán, "el que mucho abarca, poco aprieta".

jueves, noviembre 09, 2006

Dinero, política y corrupción

¿De donde sacan plata los políticos para las campañas? ¿Quién financia a los candidatos?
Preguntas sin respuesta para una parte importante de los ciudadanos, preguntas algo incómodas para un porcentaje reducido, la elite.
La discusión acerca del financiamiento de las campañas parece no estar actualmente en la pauta , pero lo más probable -y como se ha hecho costumbre en el último tiempo- es que, ahora que surgió la polémica en torno al caso Chiledeportes*, los políticos mismos aprovechen de referirse al tema, más por intereses propios que de otra índole.
El tema central es que en nuestro país no se sabe quién entrega plata para las campañas, es decir, los votantes se encuentran en una clara desventaja a nivel de información y por ende de capacidad de decisión con respecto a quienes financian y a quienes son financiados.
Tanto los financistas como los candidatos manejan mayor información de relevancia que el elector común y eso no es para nada democrático.
La soberanía popular y la democracia entonces, se ven disminuidas o más bien debilitadas. Esto, porque las asimetrías de información favorecen a quienes más dinero donan, entregándoles la posibilidad de ejercer mayor presión sobre los candidatos, en favor de sus intereses particulares. El mecenas político adquiere la posibilidad de presión previa y posterior con respecto a un candidato.
¿Cómo asegurar que el mecenas no presione a sus lacayos en el Congreso en favor de leyes que maximicen su capital?
¿Cómo solucionar esto? Limitando el nivel de gasto electoral y transparentando a los financistas, sabiendo quién entrega dinero y a quienes. Sólo así podremos saber si nuestros políticos actúan en base a principios, ya sea éticos o legales y no en base a la cantidad de dinero que quieren asegurar para la próxima reelección o para sus bolsillos.
Reeditado, amerita.

martes, octubre 31, 2006

No es posible la protección social sin una mejor distribución de la riqueza

La Presidenta Michella Bachelet ha declarado que su meta esencial es desarrollar un sistema de protección social en Chile.
Sabemos que para esto es necesaria una clara voluntad política -no sólo en el Congreso, sino también en propios partidos políticos- para llevar a cabo cambios profundos en el ámbito del bienestar social.
También es claro, que la economía por sí sola, no puede generar de forma espontánea un sistema de protección social, y que es la legislación, es la vía con que el Estado organiza y estructura tal sistema en un economía creciente.
Pero más importante aún, es saber en qué orden se realizan dichos cambios económico-sociales. Que en un país con una macroeconomía estable, con niveles de crecimiento relativamente normales, no sólo es necesario un sistema de protección social amplio y eficiente, sino que también es imperativo un nivel de distribución de la riqueza que permita a dicho sistema, no colapsar debido a una sobredemanda por parte de los ciudadanos, en un momento determinado.
Se supone que el sistema de protección, está destinado para aquellos ciudadanos que por diversas razones -enfermedad, vejez, desempleo-, no pueden solventar su manutención; y no para una gran masa -simultánea- de ciudadanos que se encuentra excluida socialmente por una mala política de distribución de la riqueza.
Es muy probable, que un sistema de protección social colapse, si está sustentado y organizado en una sociedad con mala distribución de la riqueza. El sistema de protección social se sustenta en la mejor distribución de la riqueza, porque son los ciudadanos, quienes alimentan el sistema en un lógica de cooperación, y no a la inversa.
Todos podemos, en algún momento, necesitar de la protección social. Lo fatal sería que todos necesitemos de ella al mismo tiempo.
Es como ir en un barco, lleno de marinos que no saben nadar, y con sólo algunos salvavidas. Cuando el barco se empiece a hundir...todos se pelearán los salvavidas.
En una sociedad con mala distribución de la riqueza, lo más probable es que eso mismo ocurra en algún momento no lejano.

viernes, octubre 20, 2006

Demokratisierung ist nicht dasselbe wie Demokratie

Die Art und Weise wie Demokratie anfangs wahrgenommen wurde, vor oder nach Diktaturen, in klaren instrumentalen Ausdrücken. Der Begriff der Demokratie als ein Gut oder eine Tugend wurde im lateinamerikanischen Gedankengut von diktatorischen Regimen nicht berücksichtigt.
Demokratie wurde im Wesentlichen als bestgeeignetster Weg gesehen, um Diktaturen hinter sich lassen, nicht aber als Zweck an sich.
Auf Basis dieser Notwendigkeit, wird eine Theorie der Demokratisierung aufgebaut, bei der auf der einen Seite die Errichtung der Diktaturen als bürokratisch-autoritäre Einrichtungen eine „herbe Niederlage des Volkssektors“ bedeuteten, wie es Guillermo O’Donnell ausdrückte, und auf der anderen Seite, dass die bürokratisch autoritären Staaten unfähig waren, die sozialen Forderungen zu erfüllen, da es an Vermittlung mangelte.
Alle intellektuellen Anstrengungen richteten sich darauf den Prozess der Machtübergabe an die Zivilbevölkerung zu verstehen, ohne darauf zu achten welche Art der Demokratie oder welches politische Regime für diese Zwecke das geeignetste wäre.
Dadurch entsteht eine politische Demokratisierung, die auf ihrer theoretischen Ebene drei wichtige Punkte hat:
2- Transformationen, d. h. Der Übergang von einer Militärdiktatur oder einer formellen zivilen Diktatur zu einem demokratischen Regime.
1- Demokratische Einrichtungen, Schaffung eines demokratischen Regimes in Ländern in denen zuvor keine wirkliche Demokratie bestanden hat.
3- Reformen, d. h., Ausweitungsprozesse der demokratischen Institutionen, die aufgrund des sozialen Drucks und der politischer Opposition von Seiten der Machtinhaber eingeleitet werden.
Auf diese drei Arten gelang es autoritäre Regime hinter sich zu lassen, dennoch besteht eine gewisse Schwäche, was den Begriff des erlangten demokratischen Regimes betrifft.
Der Aufbau der Demokratie in Lateinamerika, ist ein Prozess der in zwei Phasen organisiert wurde.
-Die Anfangsphase wird durch den Erfolg geprägt, dass repräsentative Regierungen in freien Wahlen gewählt wurden…
- in der zweiten Phase, die nicht erfüllt ist, finden ökonomische und soziale Veränderungen statt.
Zwischen der Phase der Wiedererlangung der Demokratie, d. h. zwischen der Rückkehr zur Demokratie und der Phase der Vertiefung dieser, so bald diese wiederhergestellt wurde, entsteht ein Vakuum. Auf gewisse Weise befinden sich die lateinamerikanischen Gesellschaften immer noch mitten in diesem Vakuum, ohne einen Weg des kollektiven Handelns zu finden, der eine Weiterentwicklungen des demokratischen Ideals erlauben würde.
Please leave your comment in english or spanish...

viernes, octubre 13, 2006

La democracia está debiendo...

El sábado 14 de octubre, se realizará Lateinamerika Tag en la Universidad de Frankfurt -donde estudia uno de mis mejores amigos-, el tema central del encuentro será el podio de discusión Was ist Lateinamerika?
Para mi suerte, me invitaron a hablar sobre Latinoamérica, con traductor y todo, así que me puse a pensar y revisar mis archivos y documentos, pues me traje todo a Europa.
Y mi idea más recurrente fue: ¿Ha cumplido la democracia con lo que se esperaba de ella en Latinoamérica?
Mi respuesta fue no...
Muchos dirán sí, ahora votamos, hay libertad de expresión, etc. Cosas que son importantes, pero no suficientes en un sistema que se dice llamar democrático.
En Latinoamérica se democratizó el ejercicio del poder, o más bien, la forma en que quienes siempre detentan el poder, se lo turnan.
Pero el poder, no está democratizado, ni el político ni el económico.
Porque la democracia no es el simple y simbólico acto del voto, la democracia es ampliación del ejercicio del poder a más ciudadanos, es decir, la expansión de la toma de decisiones a un número mayor de individuos -léase Suiza-.
También es la democratización de la riqueza, que no es su socialización sino que su mejor distribución -Todos hacemos rico a Chile, pero sólo algunos comen de la torta-.
Esto ocurre en toda Latinoamérica, un continente que se democratizó hace rato, pero que sus democracias siguen debiendo lo que son...democracias.

martes, agosto 01, 2006

Políticas de inclusión urbana en Chile

Autores: J.G.A-P.C.S
Si bien durante los 90´ se construyeron, por parte del Estado, cerca 96 mil soluciones habitacionales anuales, que disminuyeron notablemente el déficit habitacional, éstas no lograron revertir el carácter no inclusivo que el desarrollo urbano chileno ha tenido en las últimas décadas.
Es decir, se disminuyó el déficit, pero no se generó inclusión social a través de una política urbana planificada.
Si consideramos que en toda Latinoamérica “la proporción de la población que vive en zonas urbanas se ha incrementado de alrededor del 50% en los años sesenta al 53% en los años setenta, al 58% en los ochenta y a más del 60% en los noventa.”[1], el carácter no inclusivo de la ciudad chilena, quizás tiene relación con una lógica que se produce con la migración campo-ciudad, en la que “a medida que las personas comienzan a trasladarse a las zonas urbanas de mayores salarios, la sustancial brecha que se observa entre las remuneraciones urbanas y rurales contribuirá a incrementar gradualmente la desigualdad.”[2].

Si se estima que actualmente “América Latina se distingue por sus ciudades caóticas, ruidosas, contaminadas, segmentadas en barrios para ricos y para pobres”[3], una nueva política en cuanto a vivienda y urbanización debe apuntar a revertir ese carácter en las ciudades chilenas y promover una nueva imagen de ciudad en el contexto latinoamericano.
Pues “solamente Brasil, Chile y Venezuela se caracterizan por tener más de la mitad de los hogares de los tres deciles más bajos en las zonas urbanas….”.[4].
Por lo tanto, son ideas esenciales el desarrollo de la equidad territorial y el de capital social, a través de una política inclusiva, basada esencialmente en la revaloración del concepto de barrio, que revierta la segregación.
El concepto de capital social debemos entenderlo en este sentido, como las redes sociales, culturales, educacionales, de recreación, que permiten el establecimiento de nexos que facilitan relaciones cooperativas entre los individuos, donde el intercambio de información se hace menos costoso y por lo tanto establecer acuerdos es más factible.
Esto, también es aplicable y sumamente importante en las relaciones urbanas, sobre todo cuando hablamos del concepto de barrio, visto esencialmente como el espacio donde se producen relaciones comunitarias entre los individuos.
Lo anterior es muy importante si consideramos que “las ciudades más grandes tienen niveles más bajos de capital social (desde vínculos comunitarios más débiles a menores niveles de confianza interpersonal).”[5], y que por lo tanto, se hace necesario desarrollar programas urbanos inclusivos, que fomenten el fortalecimiento e intercambio de dicho capital social a nivel de barrios.
Todo lo anterior, porque “el traslado de los habitantes hacia otros ámbitos territoriales de las ciudades no sólo deja espacios desocupados, subutilizados e improductivos en sus contornos centrales, sino que con frecuencia es parte de la cadena causal que conduce tanto al deterioro económico, social y ambiental, como a la mutilación y pérdida del patrimonio cultural de estas zonas”[6].
En este sentido, debemos considerar que en Chile la ciudad ha crecido en forma no planificada, generando divisiones urbanas no inclusivas y dando paso a “la existencia de grandes zonas de concentración de la pobreza, que contrastan con la de zonas residenciales exclusivas, las llamadas ciudades “divididas”; es decir, ciudades habitadas, por un lado, por ciudadanos con derechos plenos, asentados en zonas que cuentan con una adecuada infraestructura, equipamiento y servicios, y por el otro, por personas en situación de pobreza, quienes se encuentran segregadas espacial, social y económicamente, en barrios y colonias con instalaciones precarias y de escaso valor en el mercado urbano”[7].
Esto, trae consigo otro tipo de problemas que afectan a la ciudad y su constitución como espacio público y social, pues “las ciudades gigantes padecen de una amplia gama de males, desde altos grados de contaminación hasta una mayor congestión del tránsito y mayor tiempo para movilizar”[8].
La disgregación urbana afecta ámbitos como la producción, la calidad de vida de los individuos, la educación y la vida afectiva. Las distancias y la congestión inciden de forma nociva en el desempeño laboral y académico, generando en muchos casos deserción escolar, cesantía, e incluso depresión.
La delincuencia, podría eventualmente verse disminuida con una política de inclusión urbana, pues si bien, es una política de largo plazo, ésta generaría lazos comunitarios importantes entre los habitantes de diversos estratos socioeconómicos que no sólo permiten un mayor desarrollo del capital social, sino que el establecimiento de relaciones de cooperación urbana.

Por otro lado, “la expansión desordenada de las ciudades hacia áreas no aptas para el desarrollo urbano tiende a traducirse en deterioro ambiental y una creciente vulnerabilidad de los hogares frente a las amenazas de origen natural. La condición socioeconómica de las familias de escasos recursos los hace más propensos a vivir en áreas de difícil acceso y de alto riesgo, con una infraestructura frágil y en viviendas inseguras, así como a sufrir las consecuencias más severas, entre otros, de la insalubridad, los sismos, las inundaciones, los hundimientos y los movimientos de tierra”[9].
En este sentido, una buena planificación del crecimiento urbano permitiría al Estado, disminuir costos generados a partir de “externalidades negativas” provocadas a causa de los eventuales desastres que podrían afectar a una población ubicada en un terreno no apto para el asentamiento urbano.
Sin embargo, se debe tener en cuenta el eventual impacto a corto plazo que esto podrían tener dichas políticas, pues implicarían, posiblemente, un gran cambio para los sectores de mayor ingreso económico, donde algunos podrían mostrarse reacios a éstas medidas inclusivas.
En este sentido, podrían considerarlo como una acción en desmedro de su nivel de vida, en ámbitos como la seguridad o el valor de la propiedad. Por lo tanto, no se deben dejar de considerar los posibles efectos que la inclusión tendría en los valores del suelo, los cuales -eventualmente- podrían verse afectados por ésta, ya que dichos precios sólo se mantendrían sin experimentar variaciones.
Se deben generar los incentivos necesarios –en equipamiento, servicios, y en el ámbito social- para que el posible impacto negativo de las políticas urbanas inclusivas aplicadas, sea menor que los beneficios al mediano y largo plazo, los cuales se generarían no sólo en términos urbanos sino que sociales.
Citas:
[1] (América Latina frente a la desigualdad, Progreso Económico y social en América Latina –Informe 1998-1999, Banco Interamericano de Desarrollo).
[2] Idem.
[3] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos.
[4] (América Latina frente a la desigualdad, Progreso Económico y social en América Latina –Informe 1998-1999, Banco Interamericano de Desarrollo).
[5] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.
[6] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos
[7] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos.
[8] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.
[9] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.