jueves, enero 12, 2006

La Sociedad de Control, Big Brother is watching you

La Sociedad de Control, en eso estamos, todo es control, desde la educación, se te forma para ser individuo bajo control. Pero no sólo educación en sí está en pro del control, también la tecnología, la publicidad, los medios, los libros, todo, en pro del control. ¿Qué control?
El control de la conciencia, el Big brother es el aparato discursivo construido a partir de ciertas nociones como la propiedad privada, el consumo, el estatus, el poder adquisitivo, el éxito.
Ese es el nuevo modo de control, por eso, la tarjeta de crédito reemplaza a la identidad, eres individuo confiable sólo si consumes frecuentemente, más aún si muchas tiendas te han aceptado, porque así saben qué comes, qué te gusta, cuándo y donde tienes sexo, qué bebes, qué lees, cuánto internet usas, qué canales del cable tienes anexos, etc.
Eso es control, y desde pequeños nos forman como consumidores, bajo control, guiados por la publicidad, por el marketing. A partir de eso, se genera la inseguridad de no ser consumidores fiables, de no ser saqueadores. Todo es una construcción, la realidad es eso, construcción.
¿Cuán libre eres?

viernes, enero 06, 2006

Legalización de la Marihuana

El tema de las drogas y su legalización contempla dos dimensiones, que pocas veces son consideradas en forma simultáneamente en los debates. La primera, incluye el problema de los adictos, la gente que se aliena en el consumo de sustancias y estupefacientes, y que son regularmente la base de los argumentos en contra de la legalización. La segunda dimensión, tiene relación con el tráfico, las mafias, la venta ilícita y el enriquecimiento desproporcionado de quienes aprovechan un mercado negro sin control de ninguna índole.
En este sentido, el debate en torno a la legalización de la marihuana no debe sustentarse en una apología al consumo y las libertades individuales, donde los argumentos se centran esencialmente en sus efectos, sino que debe centrarse y potenciarse como el elemento de control, que regularice un mercado con una demanda real, amplia y ya existente, que evite el surgimiento de mafias y grupos delictuales en torno a este producto.
El problema de la ilegalidad de la marihuana es similar al problema generado durante la ley seca en los Estados Unidos, donde la prohibición no termino con el consumo de alcohol y dio paso a una amplia red de distribuidores ilegales que controlaban las ciudades.
Es claro que la ilegalización no inhibe el consumo, y al contrario, hace que los precios sean elevados, los productores y distribuidores no paguen impuestos y la producción esté controlada por verdaderas mafias.
La legalización permitiría regularizar los precios, al cobrar altos impuestos que luego son destinados a educación y prevención, y a controlar el modo de producción, venta y distribución de marihuana. Así, se evitaría la venta de marihuana tratada con otras sustancias como la “paraguaya” y se propiciaría la venta de una de mejor calidad. Tal como expreso la abogada Pamela Pereira al sitio del Conace “al liberalizar, se podría regular el mercado, controlar la calidad de las drogas que circulan y bajar así su precio. En definitiva, aceptan la intervención del Estado y un límite de la libertad individual”.
Contrario a lo que los detractores, e incluso algunos partidarios plantean, la legalización no aumentará el consumo ni tampoco lo centrara en la marihuana. Así como la ley de divorcio no generó un aumento explosivo de separaciones, la legalización no implicaría un aumento inaudito de la cannabis.
En este sentido, el Estado debe erigirse como un agente de control eficaz en ésta área, con políticas claras y eficientes destinadas a determinar reglas del juego claras que definan e impidan el aprovechamiento por parte de grupos delictuales, de la adicción de otros ciudadanos.
Según los estudios del Conace del año 2004, las personas con educación universitaria presentaban la segunda mayor tasa de consumo de marihuana en 2002 (7,8%), pero en 2004 las declaraciones de consumo bajaron en 3 puntos porcentuales (4,7%), para ubicarse en el quinto grupo con relación al mayor consumo.
Por otro lado, según el mismo estudio, “la mayor declaración de consumo de marihuana se registra también entre las personas cuyas familias tienen ingresos promedio mensuales sobre 1 millón de pesos, con una tasa cercana al 20%. Ésta tasa de marihuana es tres veces más alta que en familias con los más bajos ingresos, con tasas de 6,7%”.
El argumento de que los más pobres sufren el flagelo de la marihuana se contradice con los datos, según el Conace “3 de cada 10 jóvenes, entre los 19 y 25 años de edad, cuyas familias tienen un nivel de ingresos sobre un millón de pesos, ha fumado marihuana en el último año, mientras que en grupos familiares con ingresos bajo los 200 mil pesos al mes, sólo 1 de cada 10 lo ha hecho. Es decir, el problema que afecta a la gente más pobre radica en el consumo de cocaína y pasta base, donde las redes delictuales son más organizadas y violentas.
Si bien la nueva ley de drogas estipula la figura del microtráfico y estableciendo penas de privación de libertad que van de los 541 días a los cinco años, ésta no parece ser la solución al problema que genera el tráfico en general. El tráfico a pequeña escala es un apéndice de un problema mayor, que sólo puede ser resuelto mediante un control más amplio y profundo, quizás mediante la legalización ese control sea más factible, pues no sólo dependerán de las policías, sino que de los propios consumidores, que optarán y podrán denunciar abusos como cualquier otro consumidor.
*Artículo publicado por el blogger en la revista Aletazo, agosto 2005.

lunes, diciembre 26, 2005

Del bien común al Neomaquiavelismo

En nuestros tiempos, hablar de ética y de política como elementos complementarios parece ser algo absurdo. Desde que los derechos civiles comenzaron a ser utilizados no como ideales de convivencia sino que como banderas de lucha entre las clases políticas.
El proceso de división del poder, o más bien la supuesta dicotomía de éste, en lo que se denomino ex parte principis y ex parte populis, iniciado durante la Revolución francesa, establecía intrínsecamente que el Estado es para los individuos y no los individuos para el Estado. Esta transformación, entendida como el traspaso del deber feudal al derecho republicano, es el punto de inicio del juego entre la ética y la política, y también el triunfo del individualismo en todo su concepto, donde el primer gran término ético del cual se habla, es el de fraternidad entre los individuos.
Este cambio en 180º significa un quiebre en el punto de vista con el cual, hasta ese momento, se concebía la interrelación entre gobernantes y gobernados. El cambio estaba saldado, ahora todos los ciudadanos interactuaban dentro de un estado de derecho, en el cuál se afirmaba el valor absoluto y la autonomía moral de cada ser.
El concepto de ex parte populi y el proceso de desarraigo que los estados nacionales europeos estaban viviendo con respecto a la Iglesia y sus doctrinas morales, trajo consigo un dualismo entre ética y política, que generó una disyuntiva entre obedecer a una ética de principios o, a una ética de resultados.
La ética de resultados, adoptada por los políticos de la época Moderna y también la contemporánea y la actual, es la que defiende la Gran Cose dictada por Maquiavelo, la que propugna el bien colectivo y no los principios del individuo justo.
Maquiavelo planteó, desde lo subjetivo del ex parte principis, la autonomía de la política con respecto a los principios de la moral. Tal autonomía reconoce normas propias para el ejercicio del poder, distintas y ajenas a los postulados éticos.
Sin embargo, actualmente, vemos que la ética, como motor de la acción política ha sido abandonada en forma descarada. Las problemáticas suscitadas, tanto en la Concertación como la Alianza por Chile, demuestran que el actuar de las elites políticas ya no tiene como leiv motiv el desarrollo del bien común, sino la lucha por el control del poder en su total magnitud, mediante acciones ajenas a la ética de principios y más cercanas a la de resultados, donde no importa el costo de las acciones, mientras los resultados favorezcan el control y el mayor acceso, esencialmente al poder.
Se abandona entonces la concepción de lo político como algo hacia el futuro, convirtiéndolo en un espacio de acciones inmediatistas y oportunistas, donde ya no importa o existe un proyecto histórico-político, sino más bien una respuesta superficial y a la vez sobredimensionada por parte de los medios de comunicación.
Las futuras acciones políticas deben estar enmarcadas en un nuevo enfoque, que apunte al rescate de la ética social y de principios, pues esa es la única forma en que la política recupere su valor como tal.

viernes, diciembre 23, 2005

Reforma o fin del sistema binominal ¿Y después qué?

Por segunda vez el Presidente envío al Congreso el proyecto que pretende cambiar o poner fin al sistema binominal -eso no está muy claro-. Esta vez lo hizo directamente al Senado y no a la Cámara de diputados, porque ahí no hubo quorum para llevar a cabo el proceso, ¡que novedad!
A partir de está discusión se podría generar otra mucho más profunda, que en este texto no abordaré en profundidad, haciendo planteamientos teóricos, pero que tiene relación con el tipo de régimen que queremos y necesita Chile. Y cuando hablo de régimen me refiero exclusivamente al tipo de sistema, ya sea presidencial, parlamentario o semipresidencial, que podríamos tener en el futuro.
En este sentido el debate en torno a la efectividad del régimen presidencial para permitir la gobernabilidad y la aplicación de los programas de gobierno, sea cual sea éste, se ha mantenido en círculos intelectuales cerrados, en los que la discusión termina por diluirse.
Por lo tanto, se hace necesario llevar el debate a las discusión general, a todos a quienes les interesa conocer algo más de la política y saber de qué forma están siendo gobernados.
La discusión debe plantearse para buscar respuesta a la siguiente pregunta: ¿es Chile apto para un régimen parlamentario, o semi-presidencial, similar en el primer caso al inglés, y en el segundo al francés?
Nuestra respuesta es que el segundo modo sería más probable.
* En Chile nunca ha existido un régimen parlamentario, para quienes quieran comenzar con ese argumento.
Mis argumentos a favor son los siguientes:
-En el régimen presidencial es mucho más engorroso cambiar un mal gobierno. Ante un mal gobierno se debe elevar una acusación constitucional, es decir, se debe iniciar un proceso judicial para sacar al mal gobierno.
-En el régimen parlamentario o el semipresidencial, la vía para cambiar un mal gobierno es más expedita, un voto de censura efectuado con mayoría del Parlamento, automáticamente obliga a llamar a elecciones nuevamente. Es decir, hay un juicio político simplemente.
-En el régimen presidencial, es mucho más difícil llevar a cabo las políticas de gobierno, porque existe la posibilidad de no contar con mayoría en el Congreso y por lo tanto tener una oposición que impida cualquier proyecto.
-En el régimen parlamentario, por el contrario, se necesita tener mayoría en el parlamento para que el representante de la coalición asuma como primer ministro y como jefe de Gobierno .
El debate está abierto.

martes, diciembre 20, 2005

La verdadera Vocación de Servicio ¿La tienen nuestros políticos?

Foto: Bomberos de Chile
"Es bueno señalar que en todos los países en que el servicio bomberil es pagado, más del 80% del presupuesto bomberil se gasta en remuneraciones. Por lo tanto, es ese 80% o más el que los Bomberos entregan, año a año, al Estado, como una donación generosa y espontánea. Digámoslo derechamente, para que no queden dudas: los Bomberos hacemos donaciones al Estado, y no a la inversa. Lo que el Estado nos entrega no es un regalo, sino solamente una parte, por lo demás muy pequeña, de lo que es su propio deber." Octavio Hinzpeter Blumsak, Presidente de Bomberos de Chile.
¿Quiénes tienen la verdadera vocación de servicio?
La vocación de servicio se ha convertido en un concepto vacío, en una etiqueta, a la cual recurren constantemente la mayoría de nuestros políticos, sobre todo aquellos que quieren demostrar, o más bien aparentar, que su interés por llegar al Congreso, se debe a su interés por servir y no servirse.
Pero ¿Qué entendemos por vocación de servicio?
Esencialmente como la disposición, no interesada, de servir, ayudar y aportar a la sociedad en cualquier ámbito, sin esperar retribuciones ni beneficios económicos, políticos y materiales de ninguna índole.
Si tomamos dos instituciones chilenas, Bomberos y el Congreso Nacional, veremos que las condiciones para ejercer la “vocación de servicio” varían enormemente entre los miembros de una y otra.
En primer lugar, los sueldos que perciben, tanto diputados y senadores, fluctúan entre los 5 y los 7 millones de pesos, en la llamada dieta parlamentaria, equivalente a la remuneración de un ministro de Estado, y que reciben por el desempeño de su cargo. Se supone que un buen desempeño.
Bomberos de Chile, en cambio, funciona en base a la voluntariedad, es decir, no hay remuneraciones para los voluntarios, quienes suman 35.000 miembros, todos Bomberos Profesionales Voluntarios, de alta y constante capacitación.
En segundo lugar, el aporte del Estado a Bomberos es muy bajo y la mayor parte de sus recursos provienen de los propios aportes de sus voluntarios. “Por Ley de Presupuesto de la Nación Bomberos de Chile recibió el año 2004 la suma de $10.180.140.000, monto que considera una rebaja presupuestaria de $662 millones comunicado por Decreto del Ministerio de Hacienda en febrero de 2004” (Bomberos de Chile). Para el Congreso, el aporte del Estado es notoriamente superior.
En términos de eficiencia, los bomberos presentan un nivel mucho más alto en cuanto a cumplir con sus tareas; apagar incendios, ayudar en accidentes, catástrofes naturales, etc. Ya lo vimos con el último incendio químico que afectó la bodega de la fábrica de solventes Sercoin en San Bernardo.
Los congresistas, en cambio, muestran deficiencias notorias en su desempeño, marcado por un deficiente nivel de asistencias, tanto diputados como senadores. Por ejemplo, el martes 13 de septiembre se suspendió la sesión en que se votaría el proyecto que pretendía crear el Consejo Nacional de Cultura y el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural, por falta de quórum, cuando llegaron sólo 36 de un total de 116 diputados en ejercicio. Lo mismo ha pasado con varios proyectos de ley.
En bomberos, en cada acto de servicio se pasa lista y, quien no logra durante el año, un porcentaje de asistencia superior al 75%, es separado definitivamente de la Institución. El bombero está siempre de servicio.
En el Congreso, por el contrario, no existe ninguna obligación para asistir a las sesiones, y si no lo hacen igual reciben sus sueldos y asignaciones. A los diputados sólo se les exige asistir durante nueve días del mes (21 días libres). En el caso de los senadores, sólo se les exige asistir a seis sesiones (24 días libres para otras labores).
El caso de los bomberos de Curacaví es bastante decidor en cuanto a las asimetrías con las que se desarrolla la vocación de servicio en comparación al Congreso.
Los voluntarios que trabajan en ella han venido solicitando un carro de rescate bien equipado desde 1994. Como reciben una subvención por el número de habitantes de su comuna (22 mil personas) sus posibilidades de adquirirlo son muy bajas, pues necesitan 30 millones de pesos para conseguirlo. No obstante, sólo cuentan con un presupuesto anual de 11 millones de pesos, del que cada mes deben gastar un millón, o sea, tienen un déficit presupuestario.
Sin embargo, la compañía de Curacaví debe atender 131 kilómetros de carretera, que incluyen los túneles Lo Prado, Zapata y la ruta 68, que tiene una población flotante de 4 millones de personas, entre ésta, nuestros “honorables” diputados y senadores. Y hasta el momento, sobre todo en verano y a pesar de los recursos paupérrimos han cumplido su tarea en forma más que eficiente.
El nivel de eficiencia de nuestros legisladores varía según determinados intereses. Se supone que el rol y la tarea fundamental de los miembros del Congreso es legislar, para la ciudadanía, en pro de quienes, confiando en su representación, los colocaron ahí. ¿Ocurre eso, son eficientes en este sentido?
No, nuestros legisladores son eficientes sólo cuando deben votar la aprobación de sus dietas, o cuando algún partido se inscribe mal para alguna elección o para rechazar a algún candidato mapuche.
Sin embargo, nuestros “honorables” del Congreso, aducen que muchas veces están escasos de recursos, que sus sueldos no son tan suculentos, cuando se les critican sus ausencias, apelan a decir que priorizan el trabajo en terreno y que lo que los lleva a actuar en política y llegar al Congreso es su afán de servicio, su vocación.
Pero ¿Qué pasaría si en el Congreso, no hubiera remuneración como en bomberos o se pagara el sueldo de un profesor?
Creo que accederían personas con real vocación política y de servicio, tan simple.
Y reitero la pregunta ¿Quiénes tienen la verdadera vocación de servicio?

Como dato anexo, por la ruta 68, aparte de nuestros “honorables”, circulan constantemente desde Valparaíso a Santiago y viceversa, una gran cantidad de camiones con productos químicos, sustancias prohibidas, combustibles, de diversas empresas, nacionales y extranjeras. Sin embargo, sin considerar que ellos serían los primeros en llegar al lugar del accidente, ninguna aporta dinero a bomberos de Curacaví. Se debe tener claro que un traje de para productos químicos cuesta cerca de 3 millones de dólares. Bomberos de Curacaví necesitan 20 millones más para equiparse todos correctamente para enfrentar un siniestro con productos químicos.

sábado, diciembre 17, 2005

El abrazo del Conde Drácula

Luego de un tiempo desaparecido, mi estimado y contestarario amigo Jimmy McDeendle, me envío un nuevo artículo, no sé si es de su autoría o no, porque llegó a mail sin ninguna indicación.
Después de los escrutinios, la gente se pregunta: Si sumamos los votos de Lavín y Piñera, es obvio que Bachelet está perdida, si acceden, los de Juntos Podemos Más serán muy pocos ¿de dónde van a salir los votos que faltan? En este artículo creo que está la respuesta.
Los votantes chilenos parecen distribuirse como una campana de Gauss. Muchos en el centro; muy pocos hacia la extrema izquierda y muy pocos hacia la extrema derecha.
Así estaba la cosa hasta el primer trimestre de este año, cuando Bachelet gozaba de una intención de voto que sobrepasaba el 50%.
Se daba esa clásica contienda polar de la izquierda versus la derecha política-económica, con todas las interpretaciones post Gobierno Militar, mediante las cuales se ha estado diluyendo la nitidez de este hecho.
Así fue como apareció Sebastián Piñera, hombre acostumbrado al análisis de márketing, quien vio que había un espacio que era fácil de ganar: una propuesta de centro, con un poderoso liderazgo, con capacidad de organización y buen respaldo financiero.
Y proyectó su imagen de candidato de centro: moderado, amplio de criterio, divorciado explícito del Gobierno Militar, enemigo de los senadores designados, amigo de los democratacristianos, víctima de las maquinaciones de la UDI, reiteradamente bajado y vilipendiado, ajeno al socialismo, varón, hecho así mismo, y otras características que lo conforman como una legítima alternativa en la región más poblada del espectro electroral.
Lo logró.
El 11 de Diciembre recién pasado, demostró que había forjado la imagen requerida en la mente del electorado.
Entonces era cierto que existía una izquierda y una ultra izquierdo; que existe una derecha y una ultra derecha, de la cual más convendría estar lejano.
Ser de centro no sería ser "ni chicha ni limonada", sino que ser moderado; estar lejano de los trauma y los fetiches que estableció el Gobierno Militar. El centro es la ponderación, es el trabajo fecundo, es la política al servicio del trabajo fecundo.
Hasta las 5 de la tarde todo iba así de bien; había resultado a las mil maravillas; el análisis de márketing era consistente con los resultados.
Pero cerca de las 9 de la noche, los noticieros comenzaron a mostrar otra "imagen"; Piñera, feliz, sentado en su centro, siendo vitoreado por el electorado de centro, sube al podio para darle el abrazo de la muerte a Joaquín Lavín, el derechista; entonces se funden en un solo ser; y como ha ocurrido en tantas películas, cuando Drácula da su abrazo, transmite el estigma en su beso mortal, pues éste posee un afluvio que corre por las venas, convirtiendo a su víctima en otro vampiro.
Así fue como le ocurrió a Piñera esa trágica noche del 11 de Diciembre, porque el humilde y esforzado varón (no mujer) que se había forjado a sí mismo, que había combatido al Gobierno Militar, que era el Centro del trabajo, con sus manos limpias y abiertas, se había fundido en uno con la derecha y la ultra derecha.
Pronto sus tiendas de campaña se empezaron a llenar de capitanes y consiglieris, de mandarines y samuraies.
Con el transcurrir de los días, al fragor de la batalla, volverán a aparecer las antiguas banderas; los mismos combatientes; y las mismas discusiones. Esta no es otra que la clásica contienda.
Ganará Bachelet, regateando hasta el último voto; Piñera sumará los votos de Lavín; pero se fugarán despavoridos los votantes de centro que algún día creyeron en su canto.

jueves, diciembre 08, 2005

Expectativas democráticas y decepción distributiva...

Considerando los niveles de crecimiento alcanzados por Chile después del retorno a la democracia, y el mayor desarrollo de las capacidades productivas del país, surge el cuestionamiento acerca de cuál es el momento para alcanzar el desarrollo definitivo y dejar de ser una nación subdesarrollada.
Como explica Oswaldo Sunkel, actualmente América Latina enfrenta dos problemas o dilemas esenciales: uno, continuar el proceso de desarrollo y profundización democrática, y dos, la necesidad de dar respuesta satisfactoria a los efectos sociales generados por las políticas de ajuste luego de las dictaduras militares. En base a esto, surge una preocupación renovada por el desarrollo y la forma de alcanzarlo. La necesidad de unir y complementar democracia, crecimiento económico y equidad.
¿Cómo debe ser una nueva estrategia de desarrollo definitivo para Chile, que a la vez sea equitativa en la sociedad y que desarrolle aun más la democracia?
El problema del desarrollo, entendido éste como la optimización del uso de los recursos y el desarrollo de infraestructuras productivas eficientes, sumado a una mejor distribución de las ganancias, fue olvidado a partir de los 70`, cuando “la preocupación fundamental pasó a ser entonces la estabilidad y la eficiencia”, según Sunkel.
EL problema actual de Latinoamérica radica esencialmente en la necesidad de poner fin a la contradicción entre las aspiraciones ciudadanas que se expresan en las crecientes demandas democráticas y las restricciones que el marco económico genera en diversos sectores sociales, según Sunkel.
Una nueva estrategia de desarrollo, en palabras de Sunkel, desde dentro, no sólo debe considerar el aspecto tecnológico y económico, para el mayor aprovechamiento de los recursos, sino también el aspecto sociopolítico, en el cual se fomente la integración de los menos favorecidos al proceso de desarrollo, junto con dar la importancia suficiente a la cooperación entre los países latinoamericanos.
Entonces se hace necesario plantear en que forma se debe coordinar la acción colectiva -como ejercicio y expresión democrática- en relación a las políticas públicas que permitan cambios estructurales y de organización social, para acceder a este avance, con la idea de superar la contradicción entre expectativas sociales relativas a la democracia, y las relacionadas con el crecimiento y las estructuras económicas.
Es decir, cómo generar un proyecto de desarrollo que compatibilice el desarrollo del ejercicio democrático con el crecimiento económico, generando un mayor desarrollo equitativo.
La acción colectiva es un agente esencial para un proyecto de desarrollo. El ejercicio democrático como elemento de negociación, pero más importante aún, de cooperación.
Lo que ocurre hoy día es que se ha producido la problemática generada a partir del desarrollo de mayores libertades democráticas, que se colocan en contradicción con la mala distribución de la riqueza, a pesar del alto crecimiento económico del país.
Mientras no cambien las estructuras relacionadas con la distribución de la riqueza y los beneficios generados del crecimiento económico, sobre todo en tres áreas: políticas de gasto social, programas de empleo de emergencia y políticas hacia el sector informal –pequeñas y medianas empresas- a la vez que se apliquen reajustes expansivos en lo económico, será muy difícil lograr un desarrollo autosostenido y equitativo. La contradicción entre demandas democráticas y marco económico poco equitativo debilitarán el juego democrático y el desarrollo creciente del proceso productivo.

miércoles, noviembre 30, 2005

La baja en el precio del dólar, libre mercado y Estado

Foto:www.chanarcillo.cl
Para los apologistas del libre mercado, el Estado y sus organismos deben evitar intervenir en el flujo “natural” y “perfecto” de éste. Según estos, la oferta y la demanda son la mejor forma de regulación que existe. Así lo han planteado siempre los grandes grupos empresariales y exportadores chilenos. Si sube la bencina, o el dólar, y las cosas se encarecen, no se debe intervenir y de hacerlo debe ser levemente, porque el mercado se autorregula, buscando la eficiencia.
Extrañamente, en estos últimos días, la baja en el precio del dólar -que cayó un 13%, de $611 a $ 529 entre septiembre de 2004 y el mismo mes de 2005- ha hecho que el sector exportador chileno, sobre todo el vitivinícola y forestal, cuyas utilidades bajaron por esto, exijan la intervención del Banco Central, porque afecta las ganancias.
Tanto la Asociación de Exportadores de Chile (Asoex) como la Sociedad Nacional de Agricultores (SNA) exigieron a Vittorio Corbo que intervenga en la baja del dólar, pues no es, según ellos, resistible para sus sectores.
Contradictoriamente, la baja ha sido beneficiosa para el consumidor en general, sobre todo para el ciudadano medio, pues los productos importados han bajado su precio, y eventualmente se han vuelto más accesibles, sobre todo los tecnológicos, como electrodomésticos y computadores. El dios mercado beneficia al ciudadano común y corriente, y castiga a sus hijos predilectos, que lo veneran.
Pero los hijos se rebelan contra su dios, ya no lo encuentran perfecto, lo encuentran injusto, abusivo, cruel…y llaman a intervenirlo, a controlarlo, piden salvación a San Estado.
Pero ¿Por qué ahora, que se ven afectados los grandes sectores exportadores, que han tenido un nivel de utilidades envidiable durante los últimos diez años, debería intervenirse el mercado? ¿No es acaso el mercado perfecto y la baja del dólar sólo es parte de su propia autorregulación? ¿Podemos los ciudadanos comunes y corrientes exigir al Banco Central que controle las alzas del dólar para evitar saqueos a nuestros bolsillos cuando sube la bencina o el dólar? No.
Ahí radica la contradicción del discurso libre mercadista, mientras la ganancia afectada no sea la mía, la de mi empresa, el mercado es perfecto, y el Estado es un ente agresor de la libertad, de la iniciativa, del capital. Pero si mi utilidad se ve disminuida, aunque sea ínfimamente –los exportadores no pasarán al quintil más pobre por la baja del dólar- el gobierno debe intervenir, debe regular, ¡viva la regulación! y el control.
Tanto el gremio forestal como vitivinícola, anunciaron que se reunirán próximamente con el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre para plantearles esta inquietud.
Esa suplica se hace con amenaza, por algo el presidente de los exportadores, Ronald Bown, advirtió que el bajo precio de la divisa estadounidense afectará directamente en el empleo, pues las empresas están sufriendo pérdidas con la caída de su valor. ¿Se preocupa Brown del empleo y sus trabajadores o de las divisas que están perdiendo sus empresas?
El mercado es cruel, lo saben los empresarios, dejemos que opere libremente como ellos han planteado siempre, cuando se propone subir el sueldo de los trabajadores, cuando se propone mejorar las pensiones. Si seguimos la lógica de los apologistas del mercado, que sobrevivan los más competitivos, “los mejores”, que ni el Banco Central ni el Gobierno sean usados como salvavidas de empresas mediocres.
Sin embargo, para algunos, ahora el Estado es necesario…cuando les conviene.

viernes, noviembre 25, 2005

¿Qué significa ser progresista?

Hoy es mucho más fácil ser de izquierda, o declararse de izquierda, y el discurso "progresista" se ha posicionado fuertemente.
Sin embargo, esta aceptación ha desvirtuado el hecho y el significado que implica ser de izquierda, pues no exige un discurso radical, crítico y mucho menos antisistémico. Tampoco se trata, de generar una apología al descontento, pero llama la atención lo fácil que se apela a un discurso progresista, cuyas bases ideológicas y proyecciones estructurales son ambiguas, débiles e irrisorias.
Hoy, cualquiera es progresista, demócrata, también la publicidad mercantil se adorna de progresista, con conciencia social. El pensamiento de izquierda, entendido esencialmente como la conciencia de las desigualdades sociales y la necesidad de cambiarlas, se ha convertido en adorno y su chapa principal "yo soy progresista" "yo tengo conciencia social". Si hasta la derecha más dura dice tener conciencia social, habla de los más pobres, la equidad, la mala distribución.
Hoy, jamás se plantea un cambio sustancial de las cosas, del stato quo, desde el progresismo. Ser progresista hoy es moda, lo que implica que ha sido absorbido por el mercado, el cual ha convertido al progresismo en un producto desechable, una chapa.
Por eso, la solidaridad opera fuerte desde las multitiendas, ya no es anónima, debe ser publicitada, la gente colabora y recibe una pulsera, fluorescente para que vean que "él o ella ayudan, tienen conciencia...". La ayuda social es utilizada para activar el mercado. "Por compras superiores de 20 mil pesos, colaboras con X y recibes tu pulsera naranja..."*
¿Qué nos diferencia entonces?
Se supone que el pensamiento de izquierda plantea una visión de futuro distinta, donde el horizonte es cambiar las estructuras sociales, económicas y políticas. Una visión utópica del futuro, en el buen sentido de la palabra. Esa fue y debería seguir siendo la fuente de diferencia.
*¿Cuánto gana la empresa con eso?

miércoles, noviembre 16, 2005

¿Da lo mismo quién gane?

Foto: Emol
La encuesta del CEP puso a todos los comandos a máxima velocidad, unos para aprovechar la "buena racha" y otros, para revertir lo inesperado. También reveló que la suma de los votos de Lavín y Piñera, sobrepasan a Bachelet, por lo tanto la segunda vuelta está asegurada. Más aún, en la medición de la eventual segunda vuelta, parecen estrecharse los resultados entre la abanderada de la Concertación y los de la Alianza. O sea, cualquier cosa puede pasar.
En medio de esto, se produjo, anoche, el segundo debate entre los cuatro presidenciables, marcado por una actitud levemente más confrontacional, y donde primaron temáticas como la exclusión social y el desempleo.
Entonces, surge la pregunta con respecto a dichos temas, ¿Da lo mismo quién gane, entre Piñera, Lavín y Bachelet?
No incluyo a Tomás Hirsch, porque él tiene un planteamiento distinto al de los otros tres candidatos, que propone cambios y críticas importantes al modelo económico, político y social, por lo tanto si fuera elegido, obviamente, otra sería la historia.
Definitivamente, creo que en términos de cambio estructural profundo, daría lo mismo. Ninguno de los otros 3 candidatos plantea críticas al modelo económico, ni tampoco al sistema binominal, excepto en términos muy superfluos, diciendo: "necesitamos un sistema más participativo...".
Quizás esto tiene su origen en la convergencia, en cuanto a pragmatismo y la forma de hacer política, que han ido sufriendo tanto la Izquierda institucional como la Derecha, que genera una indiferencia calculada de los actores políticos con respecto a los problemas sociales más profundos. No es conveniente para éstos plantear propuestas muy ambiciosas, por el miedo al populismo y los extremos, evitando, simultáneamente, enemistarse con los sectores que les interesa mantener contentos.
Además, es muy difícil que pretendan cambios estructurales amplios, aunque los quisieran, cuando la mayor parte de sus bancadas se han mostrado sistemáticamente proclives a mantener el stato quo. Es ilusorio pensar que, sin el apoyo del Congreso, se logren votar leyes que promuevan la equidad y la inclusión de sectores profundamente excluidos del sistema.
La ejecución inmediata, superficial, limitada y propagandística de acciones para “solucionar los problemas de la gente”, de ningún modo revierten la divergencia social y sólo cumplen un rol adormecedor, sedante, de anestesia temporal de las demandas.
El cambio estructural, social, económico y político, no debe esperarse que surja desde un Presidente -sea cual sea- ni tampoco debe personificarse el proceso de cambios sociales. Claro, un presidente o cualquier persona, puede asumir o darse cuenta de un contexto determinado, aprovecharlo y llevar a cabo un proceso de cambios sociales, pero siempre es clave el contexto y el leer correctamente las circunstancias.
¿Cuáles son nuestras circunstancias actuales?
Una desafección política profunda, con una sociedad civil débil, desligada de los político, que no es capaz de presionar en pro de los cambios sociales, que al parecer muchos añoran. Los 3 candidatos están insertos en ese inmovilismo. Lo más probable es que sigan administrando el modelo económico y político sin mayores cambios, y sin considerar a la sociedad civil, como una agente independiente del Estado, con la cual debe negociar y establecer nexos. Peor es esto, si vemos que el Congreso parece ser un foco de defensa del stato quo y no el lugar donde se legisla para mejorar lo instituido.