martes, octubre 31, 2006

No es posible la protección social sin una mejor distribución de la riqueza

La Presidenta Michella Bachelet ha declarado que su meta esencial es desarrollar un sistema de protección social en Chile.
Sabemos que para esto es necesaria una clara voluntad política -no sólo en el Congreso, sino también en propios partidos políticos- para llevar a cabo cambios profundos en el ámbito del bienestar social.
También es claro, que la economía por sí sola, no puede generar de forma espontánea un sistema de protección social, y que es la legislación, es la vía con que el Estado organiza y estructura tal sistema en un economía creciente.
Pero más importante aún, es saber en qué orden se realizan dichos cambios económico-sociales. Que en un país con una macroeconomía estable, con niveles de crecimiento relativamente normales, no sólo es necesario un sistema de protección social amplio y eficiente, sino que también es imperativo un nivel de distribución de la riqueza que permita a dicho sistema, no colapsar debido a una sobredemanda por parte de los ciudadanos, en un momento determinado.
Se supone que el sistema de protección, está destinado para aquellos ciudadanos que por diversas razones -enfermedad, vejez, desempleo-, no pueden solventar su manutención; y no para una gran masa -simultánea- de ciudadanos que se encuentra excluida socialmente por una mala política de distribución de la riqueza.
Es muy probable, que un sistema de protección social colapse, si está sustentado y organizado en una sociedad con mala distribución de la riqueza. El sistema de protección social se sustenta en la mejor distribución de la riqueza, porque son los ciudadanos, quienes alimentan el sistema en un lógica de cooperación, y no a la inversa.
Todos podemos, en algún momento, necesitar de la protección social. Lo fatal sería que todos necesitemos de ella al mismo tiempo.
Es como ir en un barco, lleno de marinos que no saben nadar, y con sólo algunos salvavidas. Cuando el barco se empiece a hundir...todos se pelearán los salvavidas.
En una sociedad con mala distribución de la riqueza, lo más probable es que eso mismo ocurra en algún momento no lejano.

viernes, octubre 20, 2006

Demokratisierung ist nicht dasselbe wie Demokratie

Die Art und Weise wie Demokratie anfangs wahrgenommen wurde, vor oder nach Diktaturen, in klaren instrumentalen Ausdrücken. Der Begriff der Demokratie als ein Gut oder eine Tugend wurde im lateinamerikanischen Gedankengut von diktatorischen Regimen nicht berücksichtigt.
Demokratie wurde im Wesentlichen als bestgeeignetster Weg gesehen, um Diktaturen hinter sich lassen, nicht aber als Zweck an sich.
Auf Basis dieser Notwendigkeit, wird eine Theorie der Demokratisierung aufgebaut, bei der auf der einen Seite die Errichtung der Diktaturen als bürokratisch-autoritäre Einrichtungen eine „herbe Niederlage des Volkssektors“ bedeuteten, wie es Guillermo O’Donnell ausdrückte, und auf der anderen Seite, dass die bürokratisch autoritären Staaten unfähig waren, die sozialen Forderungen zu erfüllen, da es an Vermittlung mangelte.
Alle intellektuellen Anstrengungen richteten sich darauf den Prozess der Machtübergabe an die Zivilbevölkerung zu verstehen, ohne darauf zu achten welche Art der Demokratie oder welches politische Regime für diese Zwecke das geeignetste wäre.
Dadurch entsteht eine politische Demokratisierung, die auf ihrer theoretischen Ebene drei wichtige Punkte hat:
2- Transformationen, d. h. Der Übergang von einer Militärdiktatur oder einer formellen zivilen Diktatur zu einem demokratischen Regime.
1- Demokratische Einrichtungen, Schaffung eines demokratischen Regimes in Ländern in denen zuvor keine wirkliche Demokratie bestanden hat.
3- Reformen, d. h., Ausweitungsprozesse der demokratischen Institutionen, die aufgrund des sozialen Drucks und der politischer Opposition von Seiten der Machtinhaber eingeleitet werden.
Auf diese drei Arten gelang es autoritäre Regime hinter sich zu lassen, dennoch besteht eine gewisse Schwäche, was den Begriff des erlangten demokratischen Regimes betrifft.
Der Aufbau der Demokratie in Lateinamerika, ist ein Prozess der in zwei Phasen organisiert wurde.
-Die Anfangsphase wird durch den Erfolg geprägt, dass repräsentative Regierungen in freien Wahlen gewählt wurden…
- in der zweiten Phase, die nicht erfüllt ist, finden ökonomische und soziale Veränderungen statt.
Zwischen der Phase der Wiedererlangung der Demokratie, d. h. zwischen der Rückkehr zur Demokratie und der Phase der Vertiefung dieser, so bald diese wiederhergestellt wurde, entsteht ein Vakuum. Auf gewisse Weise befinden sich die lateinamerikanischen Gesellschaften immer noch mitten in diesem Vakuum, ohne einen Weg des kollektiven Handelns zu finden, der eine Weiterentwicklungen des demokratischen Ideals erlauben würde.
Please leave your comment in english or spanish...

viernes, octubre 13, 2006

La democracia está debiendo...

El sábado 14 de octubre, se realizará Lateinamerika Tag en la Universidad de Frankfurt -donde estudia uno de mis mejores amigos-, el tema central del encuentro será el podio de discusión Was ist Lateinamerika?
Para mi suerte, me invitaron a hablar sobre Latinoamérica, con traductor y todo, así que me puse a pensar y revisar mis archivos y documentos, pues me traje todo a Europa.
Y mi idea más recurrente fue: ¿Ha cumplido la democracia con lo que se esperaba de ella en Latinoamérica?
Mi respuesta fue no...
Muchos dirán sí, ahora votamos, hay libertad de expresión, etc. Cosas que son importantes, pero no suficientes en un sistema que se dice llamar democrático.
En Latinoamérica se democratizó el ejercicio del poder, o más bien, la forma en que quienes siempre detentan el poder, se lo turnan.
Pero el poder, no está democratizado, ni el político ni el económico.
Porque la democracia no es el simple y simbólico acto del voto, la democracia es ampliación del ejercicio del poder a más ciudadanos, es decir, la expansión de la toma de decisiones a un número mayor de individuos -léase Suiza-.
También es la democratización de la riqueza, que no es su socialización sino que su mejor distribución -Todos hacemos rico a Chile, pero sólo algunos comen de la torta-.
Esto ocurre en toda Latinoamérica, un continente que se democratizó hace rato, pero que sus democracias siguen debiendo lo que son...democracias.

martes, agosto 01, 2006

Políticas de inclusión urbana en Chile

Autores: J.G.A-P.C.S
Si bien durante los 90´ se construyeron, por parte del Estado, cerca 96 mil soluciones habitacionales anuales, que disminuyeron notablemente el déficit habitacional, éstas no lograron revertir el carácter no inclusivo que el desarrollo urbano chileno ha tenido en las últimas décadas.
Es decir, se disminuyó el déficit, pero no se generó inclusión social a través de una política urbana planificada.
Si consideramos que en toda Latinoamérica “la proporción de la población que vive en zonas urbanas se ha incrementado de alrededor del 50% en los años sesenta al 53% en los años setenta, al 58% en los ochenta y a más del 60% en los noventa.”[1], el carácter no inclusivo de la ciudad chilena, quizás tiene relación con una lógica que se produce con la migración campo-ciudad, en la que “a medida que las personas comienzan a trasladarse a las zonas urbanas de mayores salarios, la sustancial brecha que se observa entre las remuneraciones urbanas y rurales contribuirá a incrementar gradualmente la desigualdad.”[2].

Si se estima que actualmente “América Latina se distingue por sus ciudades caóticas, ruidosas, contaminadas, segmentadas en barrios para ricos y para pobres”[3], una nueva política en cuanto a vivienda y urbanización debe apuntar a revertir ese carácter en las ciudades chilenas y promover una nueva imagen de ciudad en el contexto latinoamericano.
Pues “solamente Brasil, Chile y Venezuela se caracterizan por tener más de la mitad de los hogares de los tres deciles más bajos en las zonas urbanas….”.[4].
Por lo tanto, son ideas esenciales el desarrollo de la equidad territorial y el de capital social, a través de una política inclusiva, basada esencialmente en la revaloración del concepto de barrio, que revierta la segregación.
El concepto de capital social debemos entenderlo en este sentido, como las redes sociales, culturales, educacionales, de recreación, que permiten el establecimiento de nexos que facilitan relaciones cooperativas entre los individuos, donde el intercambio de información se hace menos costoso y por lo tanto establecer acuerdos es más factible.
Esto, también es aplicable y sumamente importante en las relaciones urbanas, sobre todo cuando hablamos del concepto de barrio, visto esencialmente como el espacio donde se producen relaciones comunitarias entre los individuos.
Lo anterior es muy importante si consideramos que “las ciudades más grandes tienen niveles más bajos de capital social (desde vínculos comunitarios más débiles a menores niveles de confianza interpersonal).”[5], y que por lo tanto, se hace necesario desarrollar programas urbanos inclusivos, que fomenten el fortalecimiento e intercambio de dicho capital social a nivel de barrios.
Todo lo anterior, porque “el traslado de los habitantes hacia otros ámbitos territoriales de las ciudades no sólo deja espacios desocupados, subutilizados e improductivos en sus contornos centrales, sino que con frecuencia es parte de la cadena causal que conduce tanto al deterioro económico, social y ambiental, como a la mutilación y pérdida del patrimonio cultural de estas zonas”[6].
En este sentido, debemos considerar que en Chile la ciudad ha crecido en forma no planificada, generando divisiones urbanas no inclusivas y dando paso a “la existencia de grandes zonas de concentración de la pobreza, que contrastan con la de zonas residenciales exclusivas, las llamadas ciudades “divididas”; es decir, ciudades habitadas, por un lado, por ciudadanos con derechos plenos, asentados en zonas que cuentan con una adecuada infraestructura, equipamiento y servicios, y por el otro, por personas en situación de pobreza, quienes se encuentran segregadas espacial, social y económicamente, en barrios y colonias con instalaciones precarias y de escaso valor en el mercado urbano”[7].
Esto, trae consigo otro tipo de problemas que afectan a la ciudad y su constitución como espacio público y social, pues “las ciudades gigantes padecen de una amplia gama de males, desde altos grados de contaminación hasta una mayor congestión del tránsito y mayor tiempo para movilizar”[8].
La disgregación urbana afecta ámbitos como la producción, la calidad de vida de los individuos, la educación y la vida afectiva. Las distancias y la congestión inciden de forma nociva en el desempeño laboral y académico, generando en muchos casos deserción escolar, cesantía, e incluso depresión.
La delincuencia, podría eventualmente verse disminuida con una política de inclusión urbana, pues si bien, es una política de largo plazo, ésta generaría lazos comunitarios importantes entre los habitantes de diversos estratos socioeconómicos que no sólo permiten un mayor desarrollo del capital social, sino que el establecimiento de relaciones de cooperación urbana.

Por otro lado, “la expansión desordenada de las ciudades hacia áreas no aptas para el desarrollo urbano tiende a traducirse en deterioro ambiental y una creciente vulnerabilidad de los hogares frente a las amenazas de origen natural. La condición socioeconómica de las familias de escasos recursos los hace más propensos a vivir en áreas de difícil acceso y de alto riesgo, con una infraestructura frágil y en viviendas inseguras, así como a sufrir las consecuencias más severas, entre otros, de la insalubridad, los sismos, las inundaciones, los hundimientos y los movimientos de tierra”[9].
En este sentido, una buena planificación del crecimiento urbano permitiría al Estado, disminuir costos generados a partir de “externalidades negativas” provocadas a causa de los eventuales desastres que podrían afectar a una población ubicada en un terreno no apto para el asentamiento urbano.
Sin embargo, se debe tener en cuenta el eventual impacto a corto plazo que esto podrían tener dichas políticas, pues implicarían, posiblemente, un gran cambio para los sectores de mayor ingreso económico, donde algunos podrían mostrarse reacios a éstas medidas inclusivas.
En este sentido, podrían considerarlo como una acción en desmedro de su nivel de vida, en ámbitos como la seguridad o el valor de la propiedad. Por lo tanto, no se deben dejar de considerar los posibles efectos que la inclusión tendría en los valores del suelo, los cuales -eventualmente- podrían verse afectados por ésta, ya que dichos precios sólo se mantendrían sin experimentar variaciones.
Se deben generar los incentivos necesarios –en equipamiento, servicios, y en el ámbito social- para que el posible impacto negativo de las políticas urbanas inclusivas aplicadas, sea menor que los beneficios al mediano y largo plazo, los cuales se generarían no sólo en términos urbanos sino que sociales.
Citas:
[1] (América Latina frente a la desigualdad, Progreso Económico y social en América Latina –Informe 1998-1999, Banco Interamericano de Desarrollo).
[2] Idem.
[3] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos.
[4] (América Latina frente a la desigualdad, Progreso Económico y social en América Latina –Informe 1998-1999, Banco Interamericano de Desarrollo).
[5] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.
[6] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos
[7] Programa Hábitat, Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos.
[8] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.
[9] Desarrollo más allá de la economía- Banco Interamericano de Desarrollo BID – Informe 2000.

miércoles, julio 19, 2006

La representación es simbólica

Fuente: economista.mx
El principio de representatividad no siempre ha existido en lo que llamamos democracia, por ejemplo, la democracia ateniense excluía el principio de la elección por considerarlo aristocrático -usaba el principio de sorteo, pero este no produce representantes, produce autoridad y sólo era aplicable en una sociedad donde eventualmente todos sus miembros son aptos para ocupar cargos-.
Las democracias actuales funcionan en base al principio de representatividad, que consiste en la representación legitima de los representados por parte de los representantes, a partir de una elección libre e informada -eso en teoría-.
Pero en una sociedad con 40 millones de habitantes, ¿Cómo una persona puede ser considerada representante de todos, absolutamente todos? A través de una construcción social discursiva, porque lo que entendemos como la mayoría es esencialmente una construcción social, por lo tanto, la concepción de la representación es esencialmente simbólica, una ficción.
Por esto, la representatividad no se puede concebir como la perfecta adecuación del interés del representante con los de sus representados. Eso sería una falacia, pues ambos, tienen intereses propios y muchas veces divergentes.
Por esto, la representatividad no necesariamente se relaciona con la participación, y por esto distinguimos dos formas ideales de democracia, la representativa y la participativa, según los niveles de consideración de los intereses individuales hechos colectivos.
La primera, indirecta, basada en el ya mencionado principio de representatividad; la segunda, relativamente directa, basada en el principio del plebiscito, donde las consultas ciudadanas son comunes y constantes.
La representatividad deriva la capacidad de decisión de un grupo de individuos -la capacidad de decisión es individual y luego se disuelve en el grupo- a un único individuo natural, el representante. La toma de decisiones con respecto a temas colectivos entonces, se convierte en decisiones individuales y no colectivas.
Ese es el dilema de la representación. ¿Qué se representa y quiénes nos representan son idóneos para ello?
Si consideramos que muchos diputados o senadores jamás han vivido en los distritos que dicen "representar" ¿Qué se representa realmente? y más aún, ¿Qué es la representación en una democracia indirecta?
La representación se basa en un principio casi metafísico, en creer que el representante es depositario de todos los intereses de un colectivo, y que antepondrá aquellos por sobre los personales. La representación entonces es simbólica en una democracia representativa.
La representatividad surge de la lucha constante por hablar en nombre del resto, silencioso, tímido. Su objetivación actual son las estadísticas, el número de votos y escaños en el Congreso, todos midiendo algo metafísico, que contradicción.
*En el próximo texto hablaré de lo simbólico de la participación.

viernes, junio 23, 2006

Todos somos iguales...alienados

La sociedad actual vive altos niveles de alienación, no sólo porque parece haber invadido un conformismo absoluto en muchos, sino porque parece que la concepción evolutiva del ser humanos se ha visto estancada o desvirtuada. Aunque, debería hablar de la concepción de la historia como un avance hacía un mayor desarrollo humano en términos generales, para ser más exacto.
Claro está, que hoy existe una condición de esclavitud nunca antes vista, la mental. Que, como la física, es igualmente nociva y terrible para el individuo, pero extrañamente más difícil de detectar e incluso de asumir. Todos somos en alguna medida esclavos mentales.
Por ejemplo, somos esclavos de las marcas, de cualquier índole, y ella sedimentan una realidad basada en su dominio. Somos esclavos de ciertas nociones de éxito, de libertad, de democracia, de amor, de compañerismo, que están muy marcadas por lo individual y utilitarista. Yo creo que somos ciertamente utilitarios, pero no absolutamente utilitarios. Pero, hoy se fomenta la conveniencia, la maximización de beneficios, el cálculo más frío.
Todos somos esclavos, y nos gusta serlo...¿Qué creen?

martes, junio 06, 2006

Democracia como elemento de Statu Quo

¿Qué pasa cuando la "democracia" se convierte en un elemento del statu quo? ¿Cuando se vuelve una especie de adormecedor del desarrollo de mejoras en la sociedad? ¿Cuando la democracia se convierte en la droga alienante y el voto en el opio social?
Muchas veces se ha hablado de una apatía social, de una despolitización de la sociedad, pero simultáneamente la "sociedad”, que en realidad podríamos llamar la Sociedad Civil, parece tender a reclamar y manifestar un descontento generalizado ante el "sistema" en determinadas ocasiones.
Todos están descontentos y quieren cambios radicales, pero cual polizontes, sólo cuando no es costoso manifestarlo. Cuando es costoso manifestarse descontento, se dice ser de centro, progresista (supongo que ya han visto mis críticas al concepto (¿Qué significa ser progresista?), renovado, o humanista cristiano, conciliador en términos generales. No quedan mal con nadie.
No todo es conciliable, sobre todo cuando determinadas situaciones ya se hacen insoportables en un contexto social determinado, es lo que pasa hoy. Se ha abierto una puerta para el cambio social.
La desigualdad social es un hecho tangible, que crece y no disminuye, que se expande. El chorreo económico que proclaman los defensores del mercado no ha logrado revertirla, muchos menos la democracia y los gobiernos de conciliación de centro ¿izquierda?
Se supone que el modelo o sistema democrático, permite la expresión de las mayorías, pero también, según algunos, debería tender a proteger y manifestar la opinión de las minorías.
Pero ahí hay una contradicción no saldada, porque se tiende a dos opciones: O se escucha a las mayorías o la mayoría, o se atomiza la sociedad escuchando y considerando los intereses de todas las minorías que conforman en distintos sustratos diversas mayorías. Ambas opciones tienden a mantener el statu quo. La negociación se hace eterna, en pro del llamado consenso...la negociación fútil.
El consenso es bueno, pero sólo cuando permite elaborar políticas –por parte del Estado- de largo y corto plazo que propicien cambios sustanciales en la sociedad, y más aún cuando incide en configurar un proyecto histórico, político, económico y social trascendente, en el sentido de su permanencia en el tiempo, sin que esto sea signo de sedimentación.
Hoy se produce un fenómeno dual, el modelo económico, social y político, generando durante la dictadura ha trascendido pero simultáneamente se ha sedimentado, sedimentando a determinadas elites, tanto políticas como económicas que retroalimentan el sistema y propician el fortalecimiento del Statu Quo.

martes, mayo 30, 2006

El movimiento estudiantil secundario

La movilización de los estudiantes secundarios, originada a principios de mayo y que ha puesto en jaque al gobierno, y que parece irse expandiendo, nos ofrece un buen campo de análisis.
En primer lugar, y basándonos en el modelo de input y output de David Easton, podemos ver que el movimiento estudiantil es el reflejo de una falla en las vías que tiene el Gobierno y el Estado, para resolver y responder a ciertas demandas.
Por esto, sus demandas -primero de orden superficial y ahora estructural-, no fueron consideradas por las autoridades, lo que obviamente no generó decisiones políticas acordes. No hubo entonces retroalimentación -feedback- entre las demandas y las respuestas.
Las demandas son la materia que energiza y moviliza al sistema político, pueden ser externas o internas a nivel nacional y específicas o genéricas.
En el caso de los secundarios, éstas comenzaron siendo específicas -pase escolar y PSU gratis- y se han ido ampliando profundizando dichas demandas -Reforma de la Loce o cambio de ella-.
Los output del gobierno fueron indecisos, poco concretos, e incluso desfavorables. Parecía que esperaban que los secundarios depusieran las tomas por aburrimiento. Obviamente no fue así. Es decir, el Gobierno no manifestó una voluntad política para responder a las demandas estudiantiles.
Hasta aquí nada nuevo. El tema que interesa son los apoyos, y como el movimiento los ha ido generando, progresivamente. Estos han sido conductuales -la suma de universitarios- y de opinión -colegios profesionales, trabajadores-.
La creciente adhesión de otras fuerzas al movimiento, que por suerte, aún no lo intervienen con sus propias demandas, ha hecho que el Gobierno pierda fuerza para imponer su postura en la negociación. Pero más importante aún, ha demostrado, que el conflicto no es sólo con el Gobierno, sino que la crítica más profunda y fuerte apunta hacia el sistema educacional, y porque no decirlo, al sistema económico y político, tan fuertemente relacionados con la Educación.
Y me pregunto, ¿el movimiento estudiantil dará paso a más movilizaciones de otros sectores, una eventual crisis multisectorial?

jueves, mayo 18, 2006

Hospital, no es hospitalario en el sistema público

El Hospital surgió hace varios siglos atrás, esencialmente como aquel lugar, donde los desamparados y los ancianos, en su mayoría enfermos, serían acogidos, atendidos y cuidados.
De ser una sola sala, donde se colocaba a todos los enfermos, se ha convertido en un complejo sistema institucional, organizado, y con instalaciones permanentes, que ofrece gran variedad de servicios médicos. Por lo menos eso es en el ideal.
Pero ¿Es realmente hospitalario el Hospital cuando los pacientes deben esperar doce horas para ser atendidos, o días para ver si acceden a una cama o peor aún, ser atendidos en los pasillos del mismo?
En esos casos, la respuesta es no. El Hospital muchas veces ha dejado de ser hospitalario, por un tema de recursos, pero también de voluntad, de los que trabajan en ellos y del gobierno y el Estado en general.
Esto, plantea una contradicción, pues "los niveles de salud en el mundo son los mejores de la historia, pero al mismo tiempo el sentir colectivo y también el de las personas es el de sentirse peor en materia de salud" (Jorge Jiménez de la Jara, en Changes in the environment of medical practice).
Según datos del año 2003, del Departamento de inversiones y red asistencial del Minsal, en Chile existían alrededor de 15.000 médicos y 60.000 profesionales de apoyo y administrativos.
Pero, la atención en el sistema público no siempre es la más óptima, como lo demostró el año pasado la situación vivida por el Hospital San José, que colapsó en sus sistema de atención de urgencia, por lo que muchos pacientes debieron esperar hasta doce horas y muchos quedaron internados en los pasillos. Es decir, lo planteado no es teoría, es realidad. El médico jefe de ese entonces renunció y declaró: "no hay condiciones físicas ni humanas para seguir atendiendo a los enfermos de urgencia".
A lo que se apunta siempre, es a los problemas de gestión y de recursos, que son sin duda claves. Ahora se ha hecho más claro que también hay un problema relacionado con un déficit de acceso, de cobertura de prestaciones de calidad, en el ámbito público y privado.
Pero también el problema radica en un factor clave, la voluntad. Si consideramos que en 1999 el 66,5 % de las horas médicas se hacían fuera del Sistema Público de Salud, para cubrir sólo a 1/3 de la población, vemos que los médicos también han olvidado su juramento de Hipócrates. ¿Realmente se atiende por servir o para ganar dinero solamente?
Muchas veces, en casos de negligencia o fallas en la atención, con resultados lamentables, hemos escuchado que los médicos estaban en la colación o viendo TV, o argumentaron que su turno ya había terminado, por lo que no cumplieron con su deber médico. Obviamente, esto no se aplica a todos, pero algunas manzanas podridas hacen que todo el cajón se vea sucio. (Tratare el tema de los médicos en otro artículo).

viernes, mayo 12, 2006

A propósito de la últimas protestas

Debemos entender que la acción colectiva no es inmanente, ni espontánea en el tiempo y espacio, sino que es articulada, dirigida, focalizada y organizada por grupos, que como tales, tienen intereses y objetivos específicos con respecto a obtener bienes colectivos, entendidos como aquellas ganancias que son repartidas entre todos o casi todos los miembros de una colectividad dada, y que son resultado de una movilización específica.
Sin embargo, también se debe considerar que ese interés colectivo, aparentemente surgido de los grupos, es el resultado de la conjunción de diversos intereses particulares, que operan a favor o en contra de la colectividad, sus intereses y cohesión grupal.
Todos los grupos funcionan en base a la generación de incentivos selectivos –positivos y negativos - que fomentan la participación individual en proyectos colectivos.
Sin embargo, y por lo anterior, la mayoría de los actores individuales, siempre aguardan que otros inicien tareas o labores de orden colectivo, esperando obtener beneficios al menor costo posible o sin la necesidad de actuar, lo que llamamos el paradigma del Free Rider o efecto polizón.
Esas lógicas de acción no siempre responden a tendencias esencialmente racionales e individuales, como sí puede darse en grupos comparativamente pequeños, donde los costos y beneficios de la participación son fáciles de dilucidar, en concordancia con la fácil identificación de los bienes colectivos a los que se pretende acceder.
Entonces, nos preguntamos, a propósito de las últimas protestas, ¿hasta qué punto los actores de esos hechos son capaces de dilucidar el carácter de los bienes colectivos que se buscan obtener y por qué actúan en situaciones donde tanto los incentivos como los bienes no son del todo medibles?