Mostrando las entradas con la etiqueta competencia política. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta competencia política. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 06, 2007

La Política chilena es un cumpleaños de Monos

Partidos políticos que se desmarcan de sus ideologías, de sus financistas, de sus antiguos líderes o ídolos, de sus antiguos compañeros o generales. Todo, en un constante flujo de afectos, alabanzas y odiosidades, temporales y eternas.
La política se mueve por los afectos, las pasiones, la sangre hirviendo, las leyes del hielo, los intentos por cálculos irracionales, desinteresados, por el bien común, los problemas reales de la gente, por la patria, el pueblo, la revolución, el stato quo, la paz, la guerra; o por la libertad y simultáneamente por la esclavitud económica, por la igualdad, y a la vez por mantener los privilegios.
Los partidos políticos chilenos, parecen "monos en cumpleaños", todo volando por los aires, monos disfrazados de lo que no son, otros tratando de rasgas vestiduras, algunos comiéndose toda la comida, otros tristes en un rincón, sin poder jugar porque los más grandes no los dejan...nunca.
La piñata, está al centro, y ya se la están peleando, algunos dicen que no la quieren, pero en realidad fueron a buscar una escoba para darle más fuerte. Unos monos, deciden irse a una mejor fiesta, les dan mejores dulces y la piñata es más grande.
Viendo todo esto, no me extraña que la UDI intente desmarcarse de los grandes empresarios, cuando estos le restriegan en la cara su relación más que simbiótica, imbricada desde tiempos inmemoriales.
Tampoco me extraña que algunos miembros de la Concertación no hayan apoyado al ministro Velasco en el proyecto de las Pymes, y que rompan las disciplinas. Hace tiempo la política dejó de ser disciplinada.
Afuera en la calle, el planeta tiene más grados que hace 30 años, y la Sociedad Civil, la gente, ve todo eso, y entonces, ya no quieren a los partidos, ya no quieren a los políticos.
Y luego se preguntan, por qué hay tanta desafección política.

lunes, abril 09, 2007

La política de Hoy, del bien común al Neomaquiavelismo

En nuestros tiempos, hablar de ética y de política como elementos complementarios parece ser algo absurdo.
Este cambio, al parecer se produce cuando los derechos civiles comenzaron a ser utilizados no como ideales de convivencia sino como banderas de lucha entre las clases políticas.
El proceso de división del poder -más bien la supuesta dicotomía de éste- en lo que se denominó ex parte principis y ex parte populis, iniciado durante la Revolución francesa, establecía intrínsecamente que el Estado es para los individuos y no los individuos para el Estado.
Esta transformación, entendida como el traspaso del deber feudal al derecho republicano, es el punto de inicio del juego entre la ética y política; y también el triunfo del individualismo en todo su concepto, donde el primer gran término ético del cual se habla, es el de fraternidad entre los individuos.
Este giro en 180º significa un quiebre en el punto de vista con el cual, hasta ese momento, se concebía la interrelación entre gobernantes y gobernados.
El cambio estaba saldado y ahora todos los ciudadanos podían interactuar dentro de un Estado de derecho, en el cuál se afirmaba el valor absoluto del individuo y la autonomía moral de cada ser.
El concepto de ex parte populi y el proceso de desarraigo, y secularización que los estados nacionales europeos estaban viviendo con respecto a la Iglesia y sus doctrinas morales, trajo consigo un dualismo entre ética y política, que generó una disyuntiva entre obedecer a una ética de principios o, a una ética de resultados.
La ética de resultados, adoptada por los políticos de la época Moderna y también la contemporánea y actual, es la que defiende la Gran Cose dictada por Maquiavelo. Aquella que propugna el bien colectivo y no los principios del individuo justo.
Maquiavelo planteó, desde lo subjetivo del ex parte principis, la autonomía de la política con respecto a los principios de la moral. Tal autonomía reconoce normas propias para el ejercicio del poder, distintas y ajenas a los postulados éticos.
Sin embargo, actualmente, vemos que la ética, como motor de la acción política ha sido abandonada en forma descarada y totalizante.
Las problemáticas suscitadas en la política actual demuestran que el actuar de las elites ya no tiene como leiv motiv el desarrollo del bien común, sino la lucha por el control del poder en su total magnitud, mediante acciones ajenas a la ética de principios y más cercanas a la de resultados, donde no importa el costo de las acciones, mientras los resultados favorezcan el control y el mayor acceso al poder.
Se abandona entonces la concepción de lo político como algo hacia el futuro, convirtiéndolo en un espacio de acciones inmediatistas y oportunistas, donde ya no importa o existe un proyecto histórico-político a largo plazo, sino más bien una respuesta superficial y a la vez, tendenciosamente sobredimensionada por parte de los medios de comunicación.
El ideal -y esto es apreciación personal- de las futuras acciones políticas deben estar enmarcadas en un nuevo enfoque, que apunte al rescate de la ética social y de principios, pues esa es la única forma en que la política recupere su valor como tal.

viernes, marzo 02, 2007

Bienes públicos divisibles que se vuelven privados

Es claro que la política, junto con el ejercicio del poder y el Estado, se han convertido en el alter ego del Mercado, donde los actores intercambian bienes por apoyos políticos y la mantención del poder.
Dichos bienes pueden tener un carácter público o privado y simultáneamente ser divisibles o no divisibles. Tanto en los partidos políticos como en el Estado, se producen “campos de fuerza”, donde distintos actores compiten por dichos bienes.
En el caso de las becas presidenciales, éstas habrían sido concebidas como un Bien Público Divisibles, donde el depositario de dicho bien, no era un colectivo, sino que personas naturales, que por ciertos méritos, se le otorgaba dicha ayuda.
Para que un bien mantenga su carácter de público, el acceso a éste debe ser abierto, como es el caso de una beca presidencial, a la que pueden postular todos los individuos que cumplan determinados requisitos –esto más allá de los propios filtros que siempre existen, como nivel de estudios, promedios de notas, calificaciones, etc.-.
El problema radica en que la línea que divide a un bien público de este tipo, con un bien privado se torna algo difusa cuando quien ofrece el bien es el Estado.
Que un partido o coalición pague y financie la educación de sus miembros no es problema, pero que lo haga a costa de los recursos y bienes que ofrece el Estado, sí es problema.
Cuando ocurre eso con un beneficio otorgado por el Estado –y no por un gobierno- el bien público, se vuelve privado, y entonces, los bienes y beneficios que este conllevan, parecen volverse consuetudinarios entre los miembros de las clases dirigentes encargadas de entregar dicho bien. Entonces, el bien pierde su carácter colectivo, se vuelve exclusivo.
Por esto, tampoco es válido el argumento que dice que el gobierno de turno, tiene derecho a preparar a más gobernantes, porque el beneficio es entregado y financiado por las arcas del Estado, y no por las arcas de los partidos gobernantes.